RAS LE BOL

chiens mortsQuand j’étais encore une toute jeune fille, quelqu’un m’a affirmé que les habitants de certains cantons de Suisse mangeaient du chien. Je me souviens avoir ri à cette nouvelle et avoir répondu que si c’était pour me raconter de telles âneries, il pouvait tout aussi bien se taire.

Evidemment, les années ont passé et cet épisode m’est complètement sorti de l’esprit. Or voilà qu’aujourd´hui, quelqu’un me fait passer une pétition demandant que les Suisses cessent de consommer de la viande de chien (et de chat, paraît-il)…. N’en croyant pas mes yeux, je fonce tête baissée sur mon ordinateur bien décidée à enquêter sur cette histoire…

Eh bien, c’est vrai !!! Voilà plus de 20 ans, quelqu’un me l’a dit, et c’était vrai !!!!!!!!!!!!!!!

Je suis encore sans voix après avoir surfé sur internet et avoir dégoté les informations relatives à ces pratiques (dignes de Corée ou de Chine) courantes dans certains cantons de Suisse….

Comme bonne française que je suis, j’ai toujours eu une petite prévention à l’égard de mes voisins Helvètes ; prévention due, me semble-t-il, au fait que les Suisses n’aiment pas les français, et peut-être aussi au fait que durant la seconde guerre mondiale, la Suisse, sous couvert de sa légendaire neutralité, ouvrit ses coffres aux nazis…

Mais alors là, pour parler familièrement, c’est le pompon… Comment, dans un pays européen (je ne parle pas de la Communauté Européenne mais bien du continent) peut-on manger du chien et en plus trouver ça normal ?????!!!

C’est un paradoxe énorme que de savoir que les associations protectrices et les élevages canins Suisses luttent pour empêcher la Chine de continuer l’élevage de Saint Bernard pour la consommation humaine (ah oui, ça, c’est autre chose, il semblerait que les chinois aient découvert le Saint Bernard et que cela soit le meilleur chien qu’ils n’aient jamais mangé) et qu’au sein même de leur pays, leurs compatriotes bouffent du chien (et j’emploie « bouffer » sciemment)….

Nous vivons vraiment dans un monde d’amoralité (oui « amoralité » puisque le stade de « l’immoralité » est depuis longtemps dépassé), de perversion, de POGNON et de profit….

J’en ai MAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRRRRRRRRRRREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE !

Et voici 2 liens, pour ceux qui douteraient de ce que je raconte:

http://www.dogstory.net/fondue_viande_de_chien.htm

http://www.24heures.ch/vivre/societe/suisses-continuent-manger-chiens-chats/story/10121142?comments=1

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Era solo una perra, de Arturo Pérez-Reverte : Mañana domingo 3 de febrero, en “XL Semanal”, suplemento de decenas de diarios

Arturo Pérez-Reverte

“ERA SÓLO UNA PERRA”

(Mañana domingo en “XL Semanal”, suplemento de decenas de diarios)

Era sólo una perra. Una galga flaca y asustada, como las que ahorcan algunos cazadores cuando ya son viejas e inútiles, con tal de ahorrarse un cartucho. Cuatro días estuvo correteando por los túneles del Metro de Madrid sin encontrar la salida. La vieron conductores, vigilantes y viajeros. Fue grabada en video corriendo despavorida por las vías, de túnel en túnel, huyendo de los trenes que pasaban a toda velocidad. Cuatro días de oscuridad, aturdimiento, soledad y angustia. De miedo atroz. Anoche vi uno de esos videos en Internet y me levanté de la silla con una desolación y una mala leche insoportables. Por esto tecleo estas líneas, ahora. Para desahogar mi tristeza y mi frustración. Mi rabia. Para ciscarme por escrito en los responsables del Metro de Madrid y en la puta que los parió.

La galga abandonada fue vista un jueves vagando por los túneles. Corría aterrada por el estruendo de los trenes, esquivándolos en la oscuridad. Al comprobar que el personal del Metro no hacía nada para rescatarla, algunos viajeros avisaron a asociaciones de protección animal, que pidieron permiso para actuar. Ya ocurrió algo semejante en Barcelona, cuando para salvar a un perro perdido en el Metro se detuvo el servicio tres horas, en un rescate en el que participaron bomberos, guardias urbanos y empleados de la perrera municipal. En Madrid, sin embargo, los responsables del transporte subterráneo se negaron a intervenir. Sólo dieron largas: se ocupaban de ello, la galga se la habían llevado a una protectora de animales, ya no estaba estaba en las vías, etcétera. Enrocada con su estúpida indiferencia, la empresa municipal rechazó todas las propuestas: jaulas trampa puestas en los huecos de los túneles o los andenes, unos minutos de parada de trenes para actuar con escopeta de dardos narcóticos. Nada de nada. Nosotros nos ocupamos, repetían. Y punto.

Pero mentían. Nadie se ocupaba de nada. La perra entró en los túneles un miércoles. Dos días después, al ser vista entre las estaciones de Sainz de Baranda e Ibiza –corría asustada bajo el andén, huyendo del tren que venía detrás-, seis asociaciones de defensa animal pidieron al Metro permiso para bajar a las vías y rescatarla. La empresa negó el permiso. El sábado a las 7 de la tarde en la estación de Sáinz de Baranda, un conductor dijo que había visto al animal tirado junto a la vía, en el túnel, a ciento cincuenta metros del andén. Rogaron los activistas que alguien bajara a la vía para ver si la perra seguía con vida, pero se les negó. Pidieron que se detuvieran los trenes durante unos minutos para proceder ellos mismos al rescate, y también se les negó. Mientras tanto, el andén se llenó de vigilantes, encargados de controlar a los miembros de las asociaciones protectoras. `Vaya follón –oí decir a uno en el vídeo de Internet- va a montar el puto perro.”

Hartas de aquello, dos mujeres, Irene Mollá, de la asociación Más Vida, y Matilde Cubillo, de Justicia Animal, decidieron echarle ovarios. Mediaban 18 minutos entre el paso de cada tren, así que saltaron a las vías desoyendo las órdenes del jefe de Seguridad del Metro, para internarse en el túnel con las pantallas de sus teléfonos móviles como linternas. Al poco regresaron trayendo a la galga en brazos, tapada con una chaqueta, todavía sangrando con una pata amputada. Atropellada. Muerta. En los cuatro días transcurridos, cuando aún estaba viva y sana, ningún vigilante había acudido a rescatarla, ningún empleado se arriesgó a una sanción por parar el tren. Los convoyes, que se inmovilizan cuando caen a las vías unas llaves o un teléfono para que el personal baje a buscarlos, los conductores que si hay huelga ignoran los servicios mínimos cuando conviene al sindicato correspondiente, no pudieron detenerse unos minutos para rescatar a la galga extraviada. Habrían sido sancionados, claro. Paralizar el tráfico suburbano por una perra, nada menos. Y eso, en un Madrid donde no falta día sin que una concentración ciclista, cabalgata, procesión, verbena, manifestación autorizada o ilegal, paralice impunemente la ciudad, corte el tráfico, bloquee autobuses o taxis y causa atascos monstruosos mientras la autoridad competente, vía sufridos policías municipales, se limita a encogerse de hombros cuando le preguntas cómo carajo llegar al trabajo o a tu casa.

Y, bueno. Me cuentan que las asociaciones de defensa animal se han querellado contra los responsables del Metro de Madrid por omisión de socorro, maltrato animal o como se califique ese puerco asunto. Así que desde aquí ofrezco mi firma. Espero que retuerzan el pescuezo a esos tipos. Y tipas. Ojalá, en memoria de aquella pobre perra asustada, les saquen a todos las entrañas.